Roma teatro de la historia

El carácter teatral de la ciudad eterna, amplificado y fijado en el siglo XVII por el arte y la cultura barrocas, constituye una constante en su historia: desde las escenografías de cortejos triunfales de cabecillas y emperadores, a los desfiles pontificios tras la elección papal, desde las luchas en los circos a los concursos del Carnaval… Los rituales de la Roma pagana entraron en la esfera de la corte y de la liturgia católica. Por ello, la iglesia elaboró un fastuoso ceremonial para mostrar su poder espiritual y temporal con las celebraciones de los Años Santos, las fiestas del Corpus domini, la Anunciación o la Chinea, las fiestas de los órdenes y las confraternidades, las celebraciones de bienvenida a embajadores o soberanos extranjeros o los funerales grandiosos. La nobleza y los políticos también competían en organizar espectáculos suntuosos. Durante siglos, a través de la simbología de las fiestas religiosas y lacias se confirmaban alianzas y hostilidades, se celebraban victorias o se compensaban derrotas políticas. El tejido urbano de la ciudad, con sus recorridos entre callejuelas y plazas escenográficas como plaza Navona, plaza de España o plaza de San Pedro, constituía un escenario ideal para estas interpretaciones teatrales de la historia europea. Estos acontecimientos en los que participaban artistas y artesanos famosos para construir aparatos efímeros, trajes, fuegos artificiales, textos poéticos y piezas musicales, quedaban descritas en las crónicas publicadas al mismo tiempo y eran reproducidas por grabadores y pintores que, a partir de mediados del XVI, desarrollaron un género documental y de ensalzamiento muy exitoso. El Museo di Roma y el Gabinetto Comunale delle Stampe recogen un notable repertorio de grabados y pinturas sobre el tema de las fiestas y celebraciones que permiten reconstruir la evolución simbólica y figurativa desde el siglo XVI al XIX.